Del otro lado del teléfono, había una
mujer que estaba desesperada:
-“¡Por favor, oren por mí! ¡Me
diagnosticaron cáncer, mi esposo me dejó y el banco
está por hipotecar mi casa! Estoy bajo un ataque espiritual.”
Mientras hablábamos, supe que era una creyente
desde hacía ya mucho tiempo. Cuando le hice mas preguntas, me
contó que ella sentía un llamado para hacer “guerra
espiritual,” para orar por su ciudad en general y por una persona,
o un inconverso en particular.
Su vida de oración estaba consagrada para atar y
reprender al diablo sobre la gente y sobre regiones. El hecho de que
estaba perdiendo todo, sólo hacía que se empeñara
más en su tarea. Esta no era la primera vez que yo escuchaba semejante
historia. ¿Por qué una cristiana tan dedicada tenía
que sufrir tal pérdida?
El Conflicto
Durante muchos años, tuve una creciente
preocupación acerca de la tendencia de grupos cristianos que
enfatizan nuestra “guerra” contra el diablo. Como muchos, yo
creía que Efesios 6:12 revelaba un conflicto celestial que
reclamaba nuestra atención e “intercesión”, si es
que la iglesia había de cumplir el llamado a predicar el
evangelio hasta los confines de la tierra.
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne,
sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores
de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad
en las regiones celestes.” Ef. 6:12
Como habitualmente se enseña, esta nueva clase de
“intercesión estratégica” era necesaria, para poder
liberar regiones y ciudades del control diabólico que ciega
los ojos de los hombres ante el mensaje de Jesucristo. Como
resultado, un movimiento de intercesores se volvió parte
integral de muchas iglesias. Hay muchas conferencias que se dedican a
dichas enseñanzas de intercesión, con el propósito
de destruir ataduras y abrir áreas a la influencia de
La Palabra de Dios.
Este énfasis en la lucha contra las fuerzas
diabólicas, se ha filtrado a través de la vida de
oración del cristiano en lo individual, quien muchas veces
dedica tanto tiempo para atar y reprender al diablo como para entrar
en comunión y hablar con el Señor. ¿Es esto
oración Bíblica? ¿Es esto verdadera intercesión?
En mis 35 años de vida cristiana y ministerio, he
hablado con demasiados creyentes que están experimentando toda
tipo de calamidades, enfermedades y pérdidas en sus vidas. En
los últimos años y especialmente en los últimos
meses, he notado un patrón preocupante en los testimonios de
estos cristianos heridos.
En un cada vez mayor número de casos, mientras
hablaba con aquellos que conocieron y sirvieron al Señor, fue mencionado que ellos eran intercesores
o habían estado envueltos en guerra espiritual. Comencé
a percibir que tal vez haya una razón por la cual tantos
intercesores guerreros estén sufriendo semejantes pérdidas.
Por años he enseñado en contra de la
práctica popular de identificar al “hombre fuerte” sobre
regiones y en contra de la oración guerrera contra tales
espíritus, cosa que yo llamo “vudú
cristiano”. Esto último tiene referencias a lo místico,
casi aproximaciones supersticiosas que muchos adoptan para liberar su
ciudad o región de influencias diabólicas. Habiendo
vivido en el extranjero y habiendo aprendido acerca de las prácticas
paganas de diferentes grupos que buscan deshacerse de demonios o
espíritus, ¡no puedo más que quejarme (no me
quejo, me asusto) cuando veo a mis hermanos y hermanas en Cristo
practicando ritos similares en iglesias cristianas! Cristianos, en
público y en privado, llevan a cabo proclamaciones injuriosas
contra el diablo, atando y soltando, reprendiéndolo y
echándolo fuera de la zona o incluso de las naciones. ¿Para
esto fuimos comisionados y llamados?
Yo creo que ciertos versículos en el Nuevo
Testamento fueron malinterpretados y aplicados incorrectamente. Como
resultado, creyentes sinceros ingresan a un dominio espiritual que no
está dentro de la esfera de su autoridad. Esta ‘intrusión
espiritual’ es la que posiblemente esté abriendo puertas, dando la
oportunidad a un diablo derrotado y a sus demonios a hacer destrozos,
a traer sufrimiento y dolor de corazón a Cristianos bien
intencionados.
Muchos intercesores cristianos se les escucha
orando por otros, utilizando los siguientes términos, de
manera fuerte y continua: “Te ato Satanás, los ato espíritus
de esto y espíritus de aquello, los maldigo y los echo fuera,
deben irse en el nombre de Jesucristo, los echo al abismo, etc.” Yo
mismo fui culpable de oraciones semejantes antes de sentir en mi
espíritu una revisión del Señor, permitiéndole
revelar las verdades que estoy compartiendo en este artículo.
Yo oro para que usted esté abierto a lo que puede ser un nuevo punto
de vista, y a considerar cuidadosamente lo que siento como una manera
más poderosa y efectiva para ver crecer la iglesia y para que
el evangelio alcance las naciones.
¿Dónde está la Guerra?
Como cité anteriormente, existe una lucha en la cual no
peleamos contra carne y sangre. Lo que ha confundido a muchos es que
el versículo menciona “regiones celestes". Como resultado, el
contexto completo del pasaje ha sido ignorado y el énfasis ha
sido puesto en la habitación de los principados y potencias en
lugar del sujeto de su ira, que es el creyente.
10 Por lo demás, hermanos míos,
fortaleceos en el Señor, y en el poder de
su fuerza.
11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para
que podáis estar firmes contra las
acechanzas del diablo,
12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne,
sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores
de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad
en las regiones celestes.
13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para
que podáis resistir en el día malo
y, habiendo acabado todo, estar firmes. (Ef.
6:10-13)
Si nos tomamos el tiempo para considerar el propósito
de Pablo en este pasaje, de ninguna manera se puede concluir que esto
sea un llamado para la batalla en contra de los principados y
potestades en “los lugares celestiales.” De hecho, lo que Pablo
está haciendo, es exhortar a los cristianos para que se
“fortalezcan”, para que “estén firmes”,
para que “resistan”, y “habiendo acabado todo, estar
firmes.” El lenguaje es defensivo, no ofensivo, y está
dirigido para exhortar al creyente a fin de que esté preparado
para un ataque satánico contra su persona, no contra su ciudad
o región.
14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos
con la verdad, y vestidos con la coraza de
justicia,
15 y calzados los pies con el apresto del evangelio
de la paz.
16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe,
con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.
17 Y tomad el yelmo de la salvación,
y la espada del Espíritu, que es la
palabra de Dios;
18 orando en todo tiempo con toda oración
y súplica en el Espíritu…” Ef. 6:14-18
Mientras Pablo continúa con su exhortación,
estamos convencidos que su propósito es ver a creyentes individualmente fortalecidos a través de la revelación
de La Palabra de Dios, para que así puedan “apagar todos los
dardos de fuego del maligno.” En otras palabras, la revelación
de la verdad, la justicia, el evangelio, la fe, la salvación,
el Espíritu y toda oración son esenciales en la vida de
todo cristiano que quiera continuar en la fe hasta el fin. Los
ataques de los principados y potestades están aquí en
la tierra durante cada día de nuestras vidas, no en los
cielos, porque el creyente está aquí, en la tierra. No
hay instrucción para atacar las regiones celestiales de
los principados, sino más bien para resistir a sus ataques en
nuestra vida terrenal.
¿Hay guerra espiritual? ¡Por supuesto que
sí! Sin embargo, hemos puesto la batalla en un plano exterior a nosotros,
cuando de hecho se desarrolla dentro y alrededor de
nosotros.
18 Y yo sé que en mí, esto es, en mi
carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí,
pero no el hacerlo.
19 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que
no quiero, eso hago.
20 Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino
el pecado que mora en mí.
21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo
esta ley: que el mal está en mí.
22 Porque según el hombre interior, me deleito
en la ley de Dios;
23 pero veo otra ley en mis miembros, que
se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva
cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
24 ¡Miserable de mí! ¿quién
me librará de este cuerpo de muerte? Rom.
7:18-24
Ciertamente hay una lucha que se está llevando a cabo. Y
no es una lucha que pueda ser ganada por
medios carnales. Sabemos que en nuestra carne no habita cosa buena.
La carne se esfuerza por complacer a Dios pero es incapaz debido a la
debilidad causada por el pecado. La mente desea las cosas de Dios
pero no puede someter la carne a lo
bueno. Y para empeorar las cosas, el mismo diablo está
arrojando dardos de fuego contra nosotros para asegurar nuestra
destrucción. Si esto no es guerra, entonces yo no sé que es guerra.
...Por cuanto los designios de la carne son enemistad
contra Dios; Rom. 8:7a
Existe una guerra en nuestras mentes. La mentalidad
carnal está en contra de Dios y no puede complacer a Dios. Los
dardos de fuego del enemigo representan las tentaciones, las
persecuciones y tribulaciones que todos nosotros experimentamos en la
vida. El cristiano que elige vivir en la carne o intenta ganar esta
guerra con sus propias fuerzas, está condenado al fracaso y a
la derrota. Por eso la exhortación de Pablo en Efesios 6 es:
-“Vestíos de toda la armadura de Dios.” Debemos saber
quiénes somos en Cristo y quién es Cristo en nosotros
si queremos ser victoriosos en esta batalla.
3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según
la carne;
4 porque las armas de nuestra milicia no son
carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de
fortalezas,
5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta
contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a
la obediencia a Cristo, 2 Cor. 10:3-5
Nuestra guerra no es en la carne y nuestras armas no son
carnales. Nuestras armas son las nombradas en Efesios 6: la
revelación de la verdad, la justicia, el evangelio, la fe, la
salvación, el Espíritu y la oración. Estas armas
son poderosas, mediante Dios, para derribar fortalezas. ¿Pero
qué es una fortaleza? ¿Acaso no es “fortaleza” otra
palabra usada para nombrar a un principado diabólico, que
gobierna sobre una región y hace imposible que el evangelio
penetre?
Pablo nos dice exactamente qué es una fortaleza.
Es una “imaginación”, es un “algo en lo alto” (una
barrera) que se exalta a sí mismo en contra del conocimiento
de Dios. ¡Es un pensamiento! Una fortaleza es un sistema de
creencias construido en la mente de una persona, contraria a la
verdad de Dios y a Su Palabra. Las fortalezas incluyen las costumbres
culturales, las religiones falsas, las ataduras del pecado, las
filosofías de los hombres, los argumentos políticos,
las declaraciones científicas y cosas semejantes, que niegan o
ignoran la realidad de Dios y Su verdad. Estas fortalezas representan
el campo de batalla en la vida del creyente. Mientras estas
permanezcan no habrá victoria. El creyente continuará
en una lucha perpetua con su mente y con su carne, mientras estas
intentan dominarle.
¡¡¡Pero las armas de nuestra milicia
no son carnales!!! Tenemos la revelación de la verdad que
nos libera, el hecho de que somos la justicia de Dios en
Cristo, el poder del evangelio para la salvación, la fe
que puede mover montañas, nuestra salvación y
reconciliación con Dios, El Espíritu Santo que
vive en nosotros, que nos unge y los diferentes tipos de oración,
que son más que suficientes para derribar cada fortaleza que se
exalta a sí misma contra Dios. ¡Estamos bien equipados
para ganar esta lucha!
La Guerra que no Existe
Lo que resulta claro del Nuevo Testamento es que no hay
ninguna evidencia en absoluto, o ninguna instrucción sobre una
guerra espiritual en las regiones celestes que requiera nuestra
oración estratégica y nuestra intercesión. Jesús
nunca envió intercesores por delante, para preparar el camino
para Su mensaje. Él envió sus discípulos a
predicar el evangelio, sanar a los enfermos y echar fuera demonios.
Jesús nunca indicó que algunas regiones no lo
recibirían debido a principados demoníacos, y que por
lo tanto deberían ser destruidos antes de predicar el
evangelio. Les dijo a sus discípulos que se sacudieran el
polvo de sus pies y se fueran al próximo pueblo si no los
recibían. No deberíamos estar culpando a los
demonios por la dureza del corazón de los hombres. Si la gente
(un pueblo o un grupo) no recibe el Evangelio, debemos seguir
adelante al siguiente poblado! No deberíamos comenzar un grupo
de oración intercesora para derrotar las ataduras o al ‘hombre
fuerte.’
Pablo nunca oró acerca de identificar el hombre
fuerte, sobre una ciudad o región. Simplemente predicó
el evangelio y dejó que las fichas cayeran donde pudieran. A
veces él fue recibido con alegría, otras veces fue apedreado.
No hubo mención de una “fortaleza” que debía ser
destruida. No se formó un grupo intercesor para atacar estas
potencias, y así hacer volver a Pablo a la ciudad.
Lo que Jesús sí encargó a la
iglesia es predicar el evangelio.
18 Y Jesús se acercó y les habló
diciendo: «Toda potestad me es dada en el
cielo y en la tierra.
19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas
las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo,
y del Espíritu Santo;
20 enseñándoles que guarden todas las
cosas que os he mandado; y he aquí Yo estoy con vosotros todos
los días, hasta el fin del mundo». Amén. Mat.
28:18-20
Toda potestad (autoridad) le fue dada a Jesús en
el cielo y también en la tierra. En otras palabras, no
hay ámbito que no esté sujeto a Su autoridad. Por lo
tanto, estamos autorizados y facultados para llevar el evangelio a
todas las naciones sin importar los principados, hombres
fuertes o fortalezas. La autoridad de esas “potencias” han sido
derrotadas.
“Y despojó a los principados y a las
autoridades y los exhibió públicamente, triunfando
sobre ellos en la cruz. “Col. 2:15
Estos son los mismos principados y potencias a los
cuales a menudo se refiere Efesios 6. Si Jesús “despojó”
a estas potencias, y si “toda autoridad” le fue otorgada en el
cielo y en la tierra, y si nos comisionó para “ir a todo el
mundo y predicar el evangelio”, entonces puede deducirse que la
única resistencia con que nos enfrentamos es una resistencia
terrenal, comprendida en las fortalezas de las mentes de los hombres
y en los dardos de fuego de un enemigo que ha sido derrotado y
despojado.
Pero con las armas de nuestra milicia, hemos sido
equipados para la victoria. Mucho tiempo y oración han sido
malgastados peleando con un enemigo al estar “atándole” en
su morada celestial, cuando de hecho, hemos sido equipados para
destruir sus actividades terrenales de mentiras y tentaciones. Y
mucho tiempo se ha desperdiciado que deberíamos haber usado
para ir a todo el mundo y predicar. Pero el orar “estratégicamente”
suena mucho más romántico que predicar a los perdidos y
sanar a los enfermos. Tú puedes quedarte en casa y hacer
“guerra espiritual estratégica”, pero debes dejar el
cuarto de oración e ir a las naciones, si vamos a cumplir la
gran comisión.
¿Atando y desatando?
Ciertamente hay espíritus demoníacos que
tienen su influencia sobre gente al punto de causarles enfermedades
físicas y mentales o aflicciones emocionales. Los evangelios
están llenos de relatos de Jesús “sanando a todos los
oprimidos por el diablo.” (Hch. 10:38) Mientras leemos los relatos
de Su ministerio poderoso, sólo encontramos a Jesús
dirigiéndose a los malos espíritus cuando los
confrontaba en el cuerpo físico de los seres humanos. Nunca se
registró que Jesús hablara a principados y a potencias
en los cielos, ni sobre ciudades ni sobre regiones. Les dijo a sus
discípulos:
“He aquí os doy potestad de hollar
serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os
dañará”. Lucas 10:19
Y los envió a “sanad enfermos, limpiad
leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia
recibisteis, dar de gracia.” (Mat. 10:8) La autoridad del
creyente es parte de nuestra herencia en Cristo. Es inherente en el
espíritu renacido de cada cristiano, ya sea que lo sepa o no.
Ningún demonio puede resistir el nombre de Jesús a
través de los labios de uno que conoce su identidad en Cristo.
Muchas veces Jesús nos mostró cómo ejercer
semejante autoridad.
“Y cuando llegó la noche, trajeron a él
muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los
demonios, y sanó a todos los enfermos; “ Mat. 8:16
¿Pero qué hay sobre atar y desatar? ¿Es
esa una forma de oración? Encontramos estos términos
mencionados dos veces en las enseñanzas de Jesús. ¿A
qué se refieren exactamente?
18 “Y yo también te digo, que tú eres
Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; no
prevalecerán contra ella.”
19 Y a ti te daré las llaves del reino de los
cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los
cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en
los cielos.” Mat. 16:18-19
Este pasaje sigue a la poderosa revelación de
Pedro de que Jesús era el Cristo, el hijo del Dios viviente.
Como resultado, Jesús explicó a Pedro algo de lo que
significaba esa revelación. En muchas palabras, Jesús
estaba diciendo: “Pedro, sobre la revelación de quién
Yo soy, edificaré mi iglesia. Y para aquellos que compartan
esta revelación, les daré autoridad en la tierra. Lo
que mis hijos e hijas permitan en la tierra lo respetaré desde
el cielo, y lo que no permitan en la tierra lo respaldaré
desde el cielo”. En otras palabras, somos Sus embajadores, Sus
representantes y ministros en la tierra. Los principados y las
potestades en los lugares celestiales se someterán a lo que
nosotros establecemos en la tierra, no viceversa. Sus actividades
terrenales están sujetas a nuestras armas de la verdad, la
justicia, el poder del evangelio, la salvación, la fe, el
Espíritu Santo y la oración.
La única vez que vemos a “Satanás
cayendo como un rayo del cielo”, revela claramente la táctica
más efectiva para sacudir los principados en los lugares
celestiales. En Lucas capítulo 10, Jesús envió a
sus discípulos a predicar el evangelio y “sanar a los
enfermos.” (v.9). Cuando esta autoridad fue puesta en práctica,
produjo resultados sorprendentes. Los discípulos volvieron a
Jesús exclamando: “...aun los demonios se nos sujetan en
tu nombre.” (v.17) Este despojo del dominio de Satanás,
desatando a los oprimidos y dando libertad a los cautivos, arrojó
a Satanás de los principados en los lugares celestiales. La
batalla se desarrolló en la tierra y los lugares celestiales
sintieron el impacto.
Desafortunadamente, las enseñanzas modernas nos
dicen que hay que atacar a las potestades celestiales para que nos
podamos sentir que podemos predicar el evangelio con efectividad.
Este no es el modelo que sigue el Nuevo Testamento. Hay dos
resultados que produce esta forma de pensar: 1) Los hombres no son
considerados como responsables por la dureza de sus corazones; “es
culpa del diablo”. Y 2) Nuestra falta de efectividad en sanar a los
enfermos y liberar a los cautivos “tampoco es nuestra culpa”.
“Solamente necesitamos derribar algunas fortalezas más en
oración y tal vez podamos ver un avivamiento." Creo que esto es
un error que ha desviado a la iglesia de su verdadero llamado y
comisión.
“De cierto os digo que todo lo que atéis en
la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis
en la tierra, será desatado en el cielo.” Mat. 18:18
Mientras que en su contexto, Mateo 18 se refiere
específicamente a la autoridad para disciplinar de la iglesia, todavía
podemos aprender de las palabras en este versículo que el atar
y desatar en la tierra es hecho por el hombre. La tierra es el
dominio del hombre. Dios es responsable de los resultados
celestiales. Sin embargo, muchos están intentando atar y
desatar cosas en los lugares celestiales para poder ver resultados en
la tierra. Ellos han dado vuelta el versículo. No estamos autorizados para atar espíritus inmundos
que no se ven. Estamos autorizados para desatar a la gente de ellos y
liberar a los cautivos.
Un caso maravilloso de “soltar” se encuentra en
Lucas 13, cuando Jesús encuentra a una mujer encorvada por un
espíritu de enfermedad durante dieciocho años. Después
de ser sanada, Jesús le explicó que esa atadura era de
origen satánico. Pero antes de que esto fuera revelado, y sin
ningún ataque verbal sobre este espíritu maligno, Jesús
simplemente declaró: “Mujer, eres libre de tu
enfermedad.” (Lucas 13:12) Entonces El puso Sus manos sobre
ella y fue instantáneamente sanada.
Mientras que muchos creyentes modernos hubiesen pasado
su tiempo atando al diablo, echándolo fuera, reprendiendo al
“demonio de espalda encorvada” o algo por el estilo, ¡Jesús
liberó a la mujer! “Cualquier cosa que desatéis en
la tierra será desatada en el cielo.”
No es de sorprenderse que Satanás cayera desde el
cielo como relámpago cuando los discípulos, meramente
hombres, despojaban su reino y liberaban a sus cautivos. Se nos ha
dado autoridad para “pisotear serpientes y escorpiones, y sobre
toda fuerza del enemigo, y nada los dañará.”
(Lucas 10:19) Las llaves de autoridad han sido dadas a la iglesia.
Hemos sido comisionados para ir a todo el mundo y predicar el
evangelio de poder. La verdadera guerra se cumple cuando obedecemos
el mandato claro de Jesús.
“De cierto, de cierto os digo: El que en mí
cree, las obras que yo hago, él las hará también;
y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.” Juan 14:12
Intrusión espiritual
Si nuestra autoridad es terrenal y nuestra comisión
es ir a todo el mundo, ¿es
posible que nuestros ataques contra estos principados, y nuestras
encarriladas acusaciones contra Satanás nos estén
exponiendo a la miseria y a la pérdida?
Hay una severa advertencia para aquellos que se atrevan
a “hablar mal de dignidades.” (2 Pedro 2:10) y a “hablar
mal de cosas que no entienden.” (2 Pedro 2:12) Ni siquiera
Miguel el arcángel acusó al diablo, pero le dijo: “el
Señor te reprenda.” (Judas 1:9) Es importante que
entendamos que Satanás todavía es el “dios de este
mundo, “(2 Cor. 4:4) y “el príncipe de la potestad
del aire.” (Ef. 2:2) Aunque saqueado, su reino celeste de
principados y potencias permanece intacto. Cualquier influencia
que el diablo tiene sobre la tierra, está sujeta a nuestra
autoridad en Cristo, pero no estamos autorizados para atacar su morada celestial. Si hacemos esto último, podemos involuntariamente potenciar al diablo para “matar, robar y
destruir” a aquellos que se envuelvan con él de esa manera.
Cuando nos movemos más allá del alcance de
nuestro conocimiento o autoridad, nos exponemos a la destrucción
y a la derrota. En Hechos 19:13-16 vemos un ejemplo en los siete
hijos de Esceva, que intentaron echar fuera demonios usando el nombre
de Jesús, pero no eran discípulos de Jesús
nacidos de nuevo. ¡Aunque sujetos al nombre y a la autoridad de
Jesús en la tierra, los demonios reconocieron rápidamente
que estos hombres no eran verdaderos embajadores de Cristo y los
atacaron venciéndolos físicamente!
Es mi creencia que muchos cristianos bien intencionados
están sufriendo resultados similares, cuando se mueven más
allá de su autoridad en la tierra para sanar a los enfermos y
liberar a los cautivos. Jesús nunca lanzó sus
reprensiones a la atmósfera, ni tampoco las dirigió
hacia principados invisibles o demonios. Sus reprensiones y autoridad
siempre las dirigió a una persona o a un evento. Expulsó
espíritus manifiestos en la gente con Su palabra. El reprendió
al viento y a las olas. Maldijo a la higuera. Nos enseñó
a hablarle a la montaña, una entidad física. Él
habló con el diablo únicamente cuando lo confrontó
cara a cara durante Su prueba en el desierto (Lucas 4:1-14). Este
ejemplo de someterse Él mismo a Dios y “resistir al diablo”
(Juan 4:7) es exactamente de lo que trata la “guerra” espiritual.
Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois
fuertes y la palabra de Dios permanece en vosotros,
y habéis vencido al maligno. 1 Juan 2:14b
Atando al Hombre fuerte
28 “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo
fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de
Dios.
29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en
la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le
ata? Y entonces podrá saquear su casa.” Mateo 12:28-29.
Una de las tácticas favoritas de oración
moderna de guerra es “atar” al hombre fuerte, para que su reino
pueda ser saqueado efectivamente. No obstante, cuando consideramos
este versículo en su contexto, no encontramos ninguna
evidencia de Jesús atando verbalmente a ningún hombre
fuerte. Pero definitivamente estaba saqueando su casa. ¿Cómo
hizo Jesús exactamente para atar al hombre fuerte y así
sanar al enfermo y al poseído?
El hombre fuerte, Satanás, obtuvo su autoridad en
la tierra como resultado del pecado del hombre. El pecado permitió
al diablo ser el dios de este mundo para matar, robar y destruir. Si
el pecado es lo que desató al diablo en la tierra, entonces la
única fuerza que puede atarlo es la justicia. Debido a que “no
hay justo, ni siquiera uno,” (Rom. 3:10) Dios mismo se hizo
carne, el hombre perfecto, sin pecado, para revelarnos el poder de la
justicia. Jesús declaró concerniente al príncipe
de este mundo, que “él nada tiene en mí.”
(Juan 14:30) La justicia de Jesús dejó al diablo sin
poder e impotente para retener a sus cautivos. Jesús sanó
y liberó a los oprimidos con Su palabra. No le gritó al
diablo, no reprendió de manera hiriente ni maldijo. Tampoco
ató verbalmente al diablo y a sus demonios y los envió
al abismo. El diablo estaba atado por la simple presencia de Jesús.
¡La justicia siempre triunfa sobre el pecado y el poder del
enemigo!
Si solamente pudiéramos asir lo que somos en
Cristo, la verdadera justicia de Dios (2 Cor.5:21), entenderíamos
que atar al hombre fuerte no es un asalto verbal sino más
bien una confianza segura de Quién vive en nosotros. Como
nueva creación, cada creyente es una demostración
ambulante de la justicia de Cristo. El diablo debe huir, los enfermos
pueden ser sanos y los oprimidos puestos en libertad. ¡Somos
libres para saquear la casa del enemigo y para liberar a los
cautivos! Muy a menudo hemos substituido las reprensiones en alta voz
hacia los espíritus invisibles por el verdadero poder de la
confianza segura de “Cristo en nosotros, la esperanza de
gloria.” (Col. 1:27)
Estoy convencido que muchos en la iglesia se han
distraído del trabajo completo de Cristo en la cruz y han
buscado añadir más a Su victoria a través de sus
propios esfuerzos imaginarios. A Cristo se le ha dado toda autoridad
en el cielo y en la tierra. A cambio, El nos ha comisionado en la
tierra a predicar el evangelio y a dar libertad a los cautivos.
Nuestro “atar y desatar” en la tierra será respaldado en
los cielos. Mientras saqueamos la casa del hombre fuerte, dando
libertad a los cautivos, cumpliremos la verdadera guerra espiritual.