La Revelación de Palabras

Estaba sentado en mi sillón reclinable mirando la televisión y pasando canales, hasta que llegue al comienzo de una película que pensé que podría ser interesante. No puedo recordar ahora qué película era porque no la vi, pero a medida que pasaban los gráficos de los créditos iniciales ‘vi’ algo que capturó mi atención.

Los gráficos llenaban la pantalla con miles de letras del alfabeto flotando en la nada. Entonces, ciertas letras comenzaron a organizarse y formar palabras. Las palabras, obviamente, estaban escribiendo el título de la película, los nombres del productor, director, actores, etc., pero yo estaba viendo algo más. Instantáneamente vi el mundo del Espíritu y vi que había palabras creativas que estaban disponibles para nosotros constantemente. Su Palabra es viva y eficaz, y de repente me di cuenta de que todas las palabras de Dios están vivas y "flotando" en el mundo del Espíritu ¡a la espera de ser habladas y ser asignadas a algo o a alguien! 

A través de los créditos de apertura de una película, el Espíritu de Dios se avivó en mí para ver otra dimensión y comprender el poder de las palabras. Apagué el televisor y comencé a meditar sobre lo que el Señor me había mostrado. Varias escrituras comenzaron a inundar mi corazón y mi mente.

Empecemos por considerar las palabras de Dios.

“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. (Isaías 55:11)

Las palabras de Dios logran los propósitos de Dios. En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y era Dios. Dios creó todas las cosas hablando. Llamó a las cosas que no son como si fueran. Las cosas que vemos se hicieron a partir de lo que no se veía. Es lo que vi en la apertura de la película: el gran potencial de las palabras creativas que existen en el espacio infinito, que sólo se concretan una vez que son asignadas. Dios ha creado todas las cosas a partir de Su propia naturaleza (Él es la Palabra) ¡y ha dado forma tangible a la creación hablando! Llamó a lo que no era y se convirtió en lo que Él le asignó que sea. La Biblia declara que Él sostiene todas las cosas con la palabra de Su poder (Hebreos1:3).

Cada palabra que Dios ha hablado tiene una misión eterna y logrará continuamente Su propósito. La Palabra de Dios no puede fallar. Vive y permanece para siempre.

¿Cómo impacta esto nuestras vidas? Mientras pensaba en estas cosas, más Escrituras llenaban mi corazón. Hemos sido creados a imagen de Dios. Tenemos la capacidad de hablar Sus palabras. De hecho, fuimos creados para oír Sus palabras, vivir por ellas y repetirlas; mas aún, ¡Dios diseño la creación para que sea gobernada usando Sus palabras con nuestra boca! 

Nosotros somos 'creaciones provenientes de palabras’. Esto significa que fuimos creados por la Palabra, existimos por la Palabra, debemos vivir por el oír la Palabra y somos libres para hablar la Palabra ¡a fin de lograr los propósitos de Dios en nuestras vidas y en el mundo!

¿Cómo describió Jesús esto?

“Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas...” (Mateo 12: 34-35)

Esto es increíble pero cierto. Así como Dios dio a luz lo que tenía en Su corazón (el universo, la tierra, tú y yo), ¡Jesús declara que de nuestros corazones podemos 'dar a luz' cosas buenas! ¿Cómo? ¡De la abundancia del corazón habla la boca! Es hablando de lo que tenemos en nuestro corazón que podemos 'dar a luz' cosas buenas en nuestras vidas. En la dimensión espiritual de la naturaleza de Dios, Su propósito y Su amor, nos encontramos con Sus palabras. Estamos llamados a vivir de acuerdo con esas palabras, a dejar que ellas llenen nuestros corazones y luego traerlas a la existencia mediante nuestro hablar. ¿Podría ser esto cierto?

“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.” (Marcos 11:23)

¿Crees que puedes obtener lo que dices? Bueno, si la abundancia de tu corazón se llena de la abundancia del corazón de Dios, entonces ¡sí, es posible! De la abundancia del corazón puedes hablar, declarar y asignar palabras de Dios a las montañas de tu vida, ¡y esas palabras lograrán su propósito!

Cuando Su palabra está en nuestros corazones, esas palabras que tomaron vida en nuestros espíritus (la fe viene por el oír Sus palabras), entonces el espíritu de fe hablará.

“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Corintios 4:13)

¿Podemos deshacernos de las montañas en nuestras vidas? Si estás hablando de la abundancia de tu corazón las buenas cosas de Su Palabra que te han sido reveladas, entonces puedes asignar esas palabras a tu montaña y ella se moverá sin tener otra opción. 

“¿No es mi palabra como el fuego? ha dicho Jehová: ¿y como martillo que quebranta la piedra?” (Jeremías 23:29)

Piensa en esto en el ámbito de la sanidad. La voluntad de Dios es la salud y la sanidad. Jesús sanó a todos los oprimidos por la enfermedad porque Él vino a hacer la voluntad de Dios.

“Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina”. (Salmo 107: 20)

Él envió Su Palabra. Envió Su PALABRA y nos sanó. Su Palabra declara: “Por sus llagas fuimos nosotros curados” (Isaías 53: 5). Este versículo que se avivó en mí hace tantos años en Guatemala es palabra viva y eficaz, ¡y ha sido declarada para sanarte a TI!

Si dejas que tu corazón se llene con estas palabras, ¡de tu corazón puedes traer tu sanidad hablando!

A medida que continuaba meditando sobre las palabras que vi en la pantalla del televisor, la revelación se siguió profundizando. Las palabras de Dios están vivas, son eternas y están disponibles para ser proclamadas por los que los las han oído. Si esas palabras están en tu corazón, entonces todo lo que queda es darles una asignación.

“Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; se saciará del producto de sus labios”.  (Proverbios 18:20)

¿Será que podemos estar satisfechos y ver crecimiento en nuestras vidas simplemente hablando? Comencé a practicar lo que estaba aprendiendo acerca de hablar palabras que habían sido vivificadas en mí por el Espíritu. Palabras de vida, de salud, de prosperidad, de bendición, de favor y de propósito comenzaron a fluir de mi corazón y salir por mi boca. Ni siquiera estaba hablando frases enteras a veces, solo palabras. Comencé a hablar sobre mí, de mi familia y del propósito que Dios me ha dado. ¿Y qué sucedió? Las puertas de las oportunidades se están abriendo, las bendiciones me están superando y mi familia está experimentando favor y crecimiento.

Empecé a verme a mí mismo de manera diferente. El Dios Todopoderoso vive dentro de mí y Sus palabras están vivas y activas en mí, completamente cargadas y a la espera de ser asignadas a algo. Es la forma como Dios creó el universo y es la forma como Dios quiere que tomes las riendas de tu vida.

“Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (2 Corintios 1:20)

Sus promesas son palabras. Ellas están vivas dando, sanando, libertando, protegiendo, edificando, prosperando palabras de bendición y gracia. ¡Todas ellas son sí y amén para la gloria de Dios por medio de nosotros! Nosotros somos los que debemos creer con el corazón y confesar con nuestra boca. ¡Todo lo que ha tomado vida en nuestros espíritus se puede hablar, y con el incremento de nuestros labios seremos llenos!

Aunque muchas de estas verdades ya eran reales para mí, entré en una nueva dimensión de revelación al ver los créditos de apertura de una película de Hollywood. El Espíritu de Dios estaba usando mi entorno para hablar conmigo. Esto sucede todo el tiempo porque siempre estoy en busca de más revelación. Soy sensible a ella. No hay duda de que miles de cristianos han visto los mismos tres minutos de esa película y no pasó nada. Pero si tu corazón se dedica a oír a Dios, encontrarás la revelación en los lugares y circunstancias de la vida más interesantes. ¡Dios siempre está hablando!