El lugar secreto

Debemos crear un ambiente para oír a Dios. Solemos hacernos tiempo para lo que nos importa. Creo que oír a Dios debe ser la cosa más importante en nuestras vidas.

“Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4:4)

Cualquier vida que hagamos fuera de la Palabra de Dios, no es verdadera vida. No puede serlo. La vida del hombre fue creada para oír a Dios. Solo Él es la fuente de vida, luz y propósito.

El Alimento que consumimos es el combustible de nuestras vidas. Nuestros cuerpos se alimentan de comida, nuestras mentes de información, nuestras almas se alimentan de eventos, de relaciones y emociones, y nuestros espíritus deben alimentarse de la Palabra de Dios, la cual es Espíritu.

Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; (Jeremías 15:16)

¿Qué comida es la más importante para ti? La respuesta va a revelar mucho acerca de tu presente y tu futuro. Aquellos que se enfocan en la comida natural hablarán sobre comida, pensarán en comida, anhelarán comida y vivirán por la comida. Aquellos que se alimentan de información llenarán sus mentes con las últimas noticias que hablen acerca de  todos los tópicos que les interesan. Ellos tendrán luchas cuando no puedan conocer la última información, porque eso es lo que los satisface. Aquellos que alimentan el alma están sujetos a subidas y bajadas emocionales; anhelan aceptación y aplausos. Cuando no reciben la aprobación de los otros patalean.

 Mientras que todas estas áreas abarcan la realidad de nuestras vidas, ellas no deberían ser la fuente de nuestra vida. Somos seres espirituales creados para vivir por y para alimentarnos de la Palabra de Dios. Jesús dijo “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.” En otras palabras, aunque debemos comer y relacionarnos con nuestro mundo y los que lo componen, esas áreas no pueden ser la fuente de nuestras vidas. Sólo Sus palabras pueden satisfacernos y darnos fuerza y sabiduría para vivir por sobre la corrupción del mundo.

Así que… ¿qué estás alimentando? Si tu foco y pasión no está en la Palabra de Dios nunca te vas a sentir satisfecho. Las otras áreas que he mencionado empezarán a dominar tu vida y te dejarán insatisfecho y estresado. Un espíritu que esta nutrido con las palabras de Dios producirá vida y paz. Esto sólo sucede en el ‘lugar secreto’.

El que habita en el escondedero del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. (Salmos 91:1 JBS)

¿Cómo creamos este “escondedero o lugar secreto?” ¿Es este un lugar visible? La verdad es que no es un lugar sino una actitud. Eso no significa que no podamos tener un lugar especial para estudiar y orar, sino que el verdadero lugar secreto con Dios está en nuestros corazones.

Como he mencionado, oír a Dios tiene mucho que ver con tener Su Palabra viva en nuestros corazones. El corazón duro o distraído siempre va a ser lento para oír o para ser sensible a la vivificación del Espíritu.

“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15:4-5)

Permanecer en Él es comida espiritual. El pámpano necesita estar nutrido continuamente de la vid o de lo contrario se secará. Así como el cuerpo necesita comida física, nuestros espíritus necesitan la comida de la Palabra de Dios la cual es Espíritu. Fuimos creados para acercar nuestras vidas a la comunión con el Padre. Si renovamos nuestras mentes al conocimiento de Dios y no pasamos tiempo con Él en comunión, nuestra fe va a ser mental y no verdaderamente espiritual.

“desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” (1Pedro 2:2)

La Palabra nutre a nuestro hombre espiritual. Ahora, el hecho de que nuestro espíritu nacido de nuevo esté completo y no le falte nada, no significa que podamos vivir una vida separados de la fuente.

“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo.” (1Corintios 3:1)

Pablo no consideró a todos los cristianos como “espirituales.” Aunque ellos habían nacido de nuevo, no habían crecido en la Palabra. Por lo tanto, ellos eran carnales (gobernados por los sentidos) o bebés que tenían que continuar creciendo.

“Para que ya no seamos niños fluctuantes,… sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.” (Efesios 4:14-15)

Pablo estaba muy consciente de lo necesario que era que los creyentes se sostengan mediante la relación con el Padre. Sus oraciones y exhortaciones continuamente apuntaban a la comunión. La comunión continua con el Padre a través de la Palabra es la base para oír a Dios.

Jesús oró: “Yo les he entregado tu palabra” (Juan 17:14-17). Oír a Dios tiene mucho que ver con reconocer el don invaluable de la Palabra de Dios. La Palabra es Su verdad. Su Palabra nos santifica (nos aparta para Su propósito). Sus palabras son Espíritu. Oírlo debería ser algo normal.

“Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido.” (1Corintios 2:12)

Las cosas que Dios nos ha dado, nuestra herencia en Él que incluye sanidad, autoridad, gozo, paz, provisión, protección, liberación, visión y propósito, nos son revelada por el Espíritu y la Palabra. A medida que mantengamos nuestros ojos, oídos, y corazones enfocados en Él, el Espíritu dará testimonio a nuestro espíritu de las realidades de ésta nueva creación, la fe nacerá y ¡ganaremos victorias!

“Meditaré en todas tus proezas; evocaré tus obras poderosas.” (Salmos 77:12)

¿Qué significa meditar en la Palabra de Dios? Todos hemos escuchado la expresión, “eres lo que comes,” también es verdad decir que “eres lo que piensas.”

“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” (Proverbios 23:7)

Hoy eres lo que eres por las cosas que has dejado que habiten en tu corazón. Tu enfoque de hoy, construirá tu mañana. Oír a Dios es el fruto de tener un corazón sensible a Su Palabra. Tener un corazón sensible viene por la meditación bíblica. La meditación bíblica no debe ser confundida con el canto sin sentido que practican las religiones orientales. Aquí hay algunas definiciones a considerar:

Meditar: Practicar la contemplación o reflexión, enfocarse en los pensamientos de uno mismo: reflexionar o considerar. Planear o proyectar en la mente.

Pensar: Formar o tener en mente algo, tener una opinión, referirse o considerar, reflexionar o examinar, determinar mediante la reflexión, recordar, centrar los pensamientos en algo o formar una imagen mental de algo, tener la mente comprometida en la reflexión, considerar.

Reflexionar: Pensar en quietud y calma.

Examinar: hacer un balance en la mente, pensar, reflexionar, pensar con especial calma, sobria y profundamente.

Nos demos cuenta o no, todos pasamos gran parte del día meditando. Muy seguido meditamos, pensamos y examinamos circunstancias, percibimos faltas, frustraciones, preocupaciones y pensamos palabras negativas sobre otros. Si pasáramos más tiempo meditando en la naturaleza del Padre, las bendiciones del pacto, las promesas de Dios y Su Palabra, ¡todo sería vida y paz para nosotros!

La meditación en la Palabra de Dios, Sus promesas y Su naturaleza es lo que crea el ambiente en el cual las cosas se vivifican en nuestros espíritus. El verdadero oír va a tomar lugar. Habrá confirmación, dirección, consuelo, y visión. No sólo se renovarán nuestras mentes sino que también nuestros corazones estarán atentos al Espíritu.

Jesús dijo: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:21) Sólo cuando nuestro tesoro esté oyendo a Dios, nuestros corazones estarán en “el lugar secreto.” Entonces diremos como Jeremías: “Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón.” (Jeremías 15:16) Esto es la verdadera meditación y así se abrirán nuestros ojos y oídos espirituales para ver y oír todo lo que hemos recibido en Cristo.

Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. (Romanos 8:6)