De acuerdo con Su propósito

Oír a Dios o recibir conocimiento revelado debe impactar todas las áreas de nuestra vida. No hay área más importante para descubrir que tu propósito y llamado único. Cada uno de nosotros fue creado con un propósito y un destino. El conocimiento revelado de quiénes somos en Cristo debe incluir la revelación de lo que estamos destinados a hacer.

Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado. (Hechos 13:2)

Las obras que nos fueron adjudicadas, cambiarán con el correr de los años. A pesar de eso, cuanto más sensibles somos al Espíritu de Dios, más conscientes estaremos de los tiempos y épocas de nuestras vidas. Mientras crecemos en gracia también nos moveremos de victoria en victoria si estamos en comunión con el Espíritu de Dios.

Es interesante que en Hechos 13:2, el Espíritu Santo no mencionara cual era el trabajo al que estaban llamados Bernabé y Pablo. Esto no significa que fuera una sorpresa o algo nuevo que ellos nunca hubieran considerado. Yo creo que ellos por meses o años supieron de qué se trataba el trabajo, pero estaban esperando el tiempo perfecto para meterse de lleno en el llamado. ¿Cuántos de nosotros nos hemos precipitado en el pasado para finalmente darnos cuenta de que el llamado era real, pero aún no era el tiempo correcto para desarrollarlo?

En 1978, mi flamante esposa, Betty Kay, y yo nos fuimos a México en mi Volkswagen amarillo. Todas nuestras pertenencias estaban dentro y sobre el auto, y contábamos con $300 en efectivo. Nuestra meta era estudiar español en Guadalajara y luego mudarnos a algún ministerio misionero en algún lugar de la nación. Yo pensé que había oído a Dios. Habíamos visitado México el verano anterior con un equipo de nuestro instituto Bíblico y el llamado se había despertado en mi corazón. Aún así, en ese momento no supe la diferencia entre el ‘ser llamado’ y ‘ser enviado’.

Después de un par de meses en México nos quedamos sin dinero. Nos alimentábamos de panqueques y finalmente tuvimos que dejar la escuela de lengua española. No teníamos un apoyo estable de nadie en los Estados Unidos. Ninguna iglesia nos había enviado. Nos sentíamos solos.

En esas circunstancias preocupantes me enfoqué mucho en Dios y empecé a pasar más tiempo en oración. ¡Algo no andaba bien! En medio de uno de mis tiempos de oración el Espíritu de Dios me habló diciendo: “¿Qué estás haciendo aquí, Barry?” Yo respondí, “Bueno Dios, tu sabes que me has llamado a ser un misionero, así que ¿aquí estoy?” Entonces Dios me enseñó la diferencia entre ser llamado y ser enviado. Porque yo era nuevo oyendo y discerniendo la voz de Dios, por esa razón asumí que el llamado en mi corazón demandaba una acción inmediata de mi parte. Sólo duramos cuatro meses en México y finalmente tuvimos que volver a Texas para comenzar otra vez. ¡No obstante, aprendimos mucho!

Por eso es tan vitalmente importante oír a Dios. Cuanto más crecemos en sensibilidad al Espíritu, menos errores cometeremos en nuestro proceso de toma de decisiones. Años más tarde fuimos enviados por Dios y por una iglesia local a servir como misioneros en Latinoamérica. Fuimos enviados con apoyo y oración. Fuimos visitados y aconsejados. Esta vez no estábamos solos. Fuimos enviados a la obra para la cual habíamos sido llamados 11 años antes.

Lo sepas o no, el Espíritu está trabajando en ti.

“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Filipenses 2:13)

Las urgencias, tendencias, deseos y pasiones que están vivos en ti no están allí por coincidencia. Quizás no estás consciente de estar oyendo a Dios con respecto a tus deseos y pasiones en la vida, pero Él está trabajando en ti. Algunos de esos deseos y visiones para el futuro tienen que tomar tiempo para madurar y tomar forma. Cuanto más tiempo pasas en la Palabra y la oración, más definidos estarán tu propósito y llamado. Probablemente habrá meses o años de crecimiento y práctica, pero todo lo que Dios está trabajando en ti se volverá realidad si te mantienes sensible al Espíritu.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10)

Aunque hoy puedo decir con confianza que soy un maestro en el Cuerpo de Cristo, no siempre fui consciente de ese llamado ni me sentí particularmente equipado para enseñar, o para cualquier otra cosa que tenga que ver con eso. Yo era tímido, introvertido y un poco solitario. Mi corazón fue consciente de mis posibilidades en mi primer viaje misionero a México mientras era un estudiante en el instituto Bíblico en 1977. Fue entonces cuando la primera semilla del llamado se sembró en mi corazón y un deseo de comunicar el Evangelio empezó a crecer dentro de mí. Darme cuenta de que simplemente yo tenía algo que otra gente necesitaba, fue algo muy grande para mí. Empecé a verme a mí mismo alcanzando a los perdidos con el Evangelio.

El deseo que fue concebido en mí, no vino por una voz audible o un versículo que me haya llamado la atención en mi Biblia. Fue más como concientizarme de un mundo fuera de mí mismo que estaba necesitado. De repente estaba enfocado. Aunque, muchos años pasaron entre el tiempo de ese despertar inicial, y el tiempo de ministerio fructífero en Chile, el llamado estaba vivo en mi corazón. Anteriormente yo había “oído” a Dios, sin embargo no había oído nada. Cuando el Espíritu vivificó a mi espíritu, mi destino futuro empezó a tomar forma.

Años después me di cuenta de que nuestros 12 años en el campo misionero incluyendo 8 años pastoreando, fueron un tiempo de preparación para lo que hago ahora. Yo pensé que viviríamos el resto de nuestras vidas en Chile, pero terminó siendo una etapa que tuvo un final para que otra comenzara. Por la manera en que varias de las etapas de mi vida se desplegaron, puedo mirar hacia atrás y ver que era Dios trabajando en mí para producir el querer como el hacer por su buena voluntad. Yo no tenía idea a dónde Él iba a llevarme, pero tenía una idea creciente de cuál iba a ser mi lugar en el Cuerpo de Cristo.

Una vez que me enfoqué en mi camino futuro, otras voces perdieron influencia. Aunque hubo obstáculos y trabas en el camino, nunca perdí de vista la semilla que Dios había sembrado en mi corazón. Oír a Dios cambió mi vida.

Cuando miro alrededor y veo tantos buenos cristianos que parecen estar sin dirección ni propósito, se vuelve deslumbrantemente claro lo importante que es para cada uno de nosotros estar en comunión con Dios y estar sensibles a Su guía. Una vida sin propósito nunca nos va a satisfacer.

 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”(Romanos 8:28)

¿Estás llamado conforme a Su propósito? Esto no significa que tienes que ver el final desde el principio, o que estás completamente preparado para cualquier circunstancia. Simplemente significa que en tu compañerismo con Dios algo ha nacido en tu corazón que reaviva tu pasión, energía y fe. Mientras te mantengas enfocado en lo que te quema por dentro, Dios hace que las circunstancias periféricas de la vida trabajen a tu favor.

Recuerda, la fe viene por el oír a Dios. Quizás tengas fe para algo que nunca has oído decir a Dios conscientemente. Pero si la fe está ahí, el oír tuvo lugar. El Espíritu de Dios vivificó algo en tu espíritu. ¡Dios está trabajando en ti!

Jesús le dijo a Pablo: “…para esto he aparecido a ti…” (Hechos 26:16) Aunque el llamado de Pablo al ministerio fue bastante dramático, el aspecto más importante de este evento, es que a través de su ejemplo, te des cuenta de que Dios también tiene un propósito para ti. Nuestro descubrimiento de ese propósito tiene mucho que ver con nuestra comunión constante con el Padre.

“Enséñame, oh Señor, tu camino, Y guíame por senda de rectitud…”(Salmos 27:11)

¿Esperas ser guiado por el Espíritu? ¿Estás prestando atención a la fe que está en ti? ¿Estás consciente de las oportunidades y favor que hay alrededor de ti? Muchas veces nos perdemos la guía de Dios porque esperamos algo más dramático, o quizás no estábamos esperando nada. Nos preguntamos por qué otros parecen oír a Dios sin darnos cuenta que entre tanto, Él está intentando irrumpir en nuestra propia dureza del corazón.

¡Espera oír a Dios! Quizás sea una impresión, quizás sea un versículo que se vuelve vivo en ti, quizás sea una puerta abierta de oportunidad que reaviva tu pasión, quizás sea una idea mientras escuchas una enseñanza o durante una conversación. Podría suceder mientras estás viendo una película o escuchando una canción. Si tu corazón está esperando oír a Dios, lo oirás. Incluso durante las actividades más mundanas de la vida, el Espíritu de Dios está vivo y activo y Su naturaleza es revelar cosas.

“Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma” (Isaías 55:3)

Ten cuidado con el “Dios me dijo”

Sería descuidado si no te advirtiese de algo que pasa muy seguido cuando los creyentes aprenden a oír la voz de Dios. ¿Cuántas veces hemos oído a cristianos bienintencionados declarar que Dios les dijo que hagan algo? El asunto es que una vez que esa declaración ha sido hecha, no queda lugar para correcciones, ni una guía más profunda, ni para un consejo sabio. Muchas veces he escuchado declaraciones obviamente  erradas, pero las personas estaban tan convencidas de que habían oído a Dios, que no estaban dispuestas a considerar la idea de que podrían haber malinterpretado lo que oyeron. Esto nos pasó a nosotros antes de nuestro primer intento de ser misioneros a México en 1978. Nos habían dicho que estábamos yendo un paso adelante que Dios, pero nosotros no escuchamos. Yo malentendí el llamado con el ser enviado.

En el Reino todo empieza con una semilla. La semilla no es la cosecha. Quizás tengamos la semilla de una revelación, o la semilla de una nueva dirección, o la de un propósito, pero es importante que le demos tiempo para crecer y madurar. No toda guía del Espíritu o inclinación del corazón representa la plenitud de lo que Dios está haciendo en tu vida. Dale a cada semilla tiempo para madurar.  Ora por las cosas que oyes decir al Espíritu.

“Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” (Santiago 1:4)

Paciencia: perseverar alegremente.

La paciencia es poderosa. Paga bien, especialmente cuando aprendemos a oír a Dios y nos dejamos guiar por el Espíritu. La paciencia no debe ser confundida con pasividad. El pasivo no tiene visión, ni metas, ni energía. El paciente sabe que el poder y las promesas de Dios están trabajando a su favor y por eso persevera con alegría a pesar de los desafíos momentáneos. En la parábola del sembrador, Jesús habló de la necesidad de la paciencia. 

“Y las semillas que cayeron en la buena tierra representan a las personas sinceras, de buen corazón, que oyen la palabra de Dios, se aferran a ella y con paciencia producen una cosecha enorme.” (Lucas 8:15)

El fruto viene con la paciencia. La guía y dirección de Dios se afinan a través de la paciencia. La paciencia es la determinación constante de hacer lo correcto sabiendo que las fuerzas espirituales están actuando a tu favor. El granjero es paciente sabiendo que él ha plantado buena semilla, y que el resultado va a ser un buen cultivo. “Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.” (Santiago 5:7)

Los pacientes prevalecerán, pues han creado el ambiente para oír a Dios e incluso en esos momentos en los que la guía no es clara, continúan en fe y perseverancia. Ellos están en paz, sabiendo que la Palabra está trabajando en sus circunstancias.

“A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.” (Hebreos 6:12)

Cuando mezclamos fe con paciencia, somos imparables. Nuestra expectativa de lo bueno, la bendición, el favor, los compromisos divinos, las puertas abiertas, el conocimiento revelado, y la sanidad ¡arrasarán con todo! De hecho, Pablo habla de Dios como “¡el Dios de la paciencia!” (Romanos 15:5)

No te apresures a declarar al mundo que Dios te dijo que hagas algo si recién obtuviste las primeras semillas de la guía. Deja que esa semilla crezca. Obtén consejo sabio de amigos espiritualmente maduros y líderes. Eso te salvará de posibles vergüenzas y errores.

Una verdadera palabra de Dios despertará la emoción, visión y fe. Si crees que has oído algo de parte de Dios y te ha producido pavor o miedo, definitivamente tienes que buscar consejo de aquellos que son más maduros en ese área. Muchas veces profetas bienintencionados dan palabras que necesitan algún tiempo y época, o que simplemente tienen que dejarse en el estante. Si algo no da testimonio a tu espíritu, no actúes conforme a eso. Ora por eso y espera para que se vivifique en ti.

¡Tienes un propósito para descubrir! Espera que el Espíritu de Dios te lo revele paso a paso y tiempo al tiempo. Quizás no sea lo que pensaste al principio pero cuando lo veas te gozarás y sabrás que Dios estaba trabajando en ti.

“Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” (Hebreos 10:36)