Pensamientos finales

Como he mencionado varias veces en este libro, la verdadera fe es espiritual y es el resultado de oír espiritualmente.

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17)

Oír la Palabra de Dios es lo primero (lo único) que debe ocurrir. Debemos recordar que Jesús dijo que Sus palabras eran Espíritu (Juan 6:63). Es el Espíritu el que vivifica al espíritu del hombre. “El espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu” (Romanos 8:16). Tal como Jesús sólo pudo hacer lo que oyó y vio hacer al Padre, nosotros sólo podemos tener fe en el grado que la Palabra de Dios se haya vivificado en nuestro Espíritu.

Esto se volvió real para mí cuando tuve la revelación de la justicia, cuando supe que estaba sano, cuando recibí la palabra de protección, cuando recibí autoridad para decir que mi auto estaba vendido, cuando negué las palabras del doctor y cuando recibí visión para ser guiado en Chile y luego, cuando fui a Colorado.

 Cada vez que Su Palabra fue vivificada en mi espíritu, la fe nació. Cada vez que he visto lo invisible, la fe nació. Lo he oído durante mis tiempos de oración, leyendo y meditando, y lo he oído mientras hacía los quehaceres más mundanos de la vida. Crear el ambiente para oírlo es la clave. Ese ambiente no es nada más que buscar, enfocar el corazón junto con el hambre por Su Palabra.

“Bienaventurado el hombre que me escucha, Velando a mis puertas cada día, Aguardando a los postes de mis puertas.” (Proverbios 8:34)

“Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). En el gran capítulo 11 del libro de Hebreos encontramos una lista de héroes de la fe y la razón de por qué son recordados. En muchos casos hubo una palabra de Dios que los motivó a moverse dentro de lo invisible y hacer hazañas.

Donde quiera que te encuentres ahora en tu vida, estás a sólo una palabra de una visión nueva, energía, entusiasmo y fe. Dios quiere hablarte. Espera oírlo.

 Si alguno tiene oídos para oír, oiga. (Marcos 7:16)