La Revelación de Jesús

Uno de los pasajes más importantes que trata acerca del tema del conocimiento revelado y el oír a Dios, está en Mateo, Capítulo 16.

Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro,  dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres,  Simón,  hijo de Jonás,  porque no te lo reveló carne ni sangre,  sino mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 16:15-17)

La respuesta que Pedro dio a Jesús, no estaba basada en la lógica ni tampoco en la aprendió en un aula de clases. Dios le reveló a Pedro la verdadera identidad de Jesús y esa revelación ha de ser el fundamento para Su iglesia. Aunque Pedro tuvo sus altibajos en su caminar con Dios, el fundamento de su vida estaba establecido en una revelación. Algo había se había avivado en su espíritu, y como se trataba de una revelación, el hades no podría prevalecer contra ella. (Mira los versículos 18 y 19).

Sin duda, la más importante revelación que uno pueda tener, es la de la identidad de Jesús. Hasta que nosotros tengamos conocimiento espiritual de la identidad de Jesucristo, será difícil que otras revelaciones encuentren un lugar en nuestras vidas. La declaración de Pedro y la respuesta de Jesús no fueron poca cosa. La iglesia entera y la autoridad de la iglesia pueden sólo existir en la medida que sabemos quién es Jesús.

Después de haber resucitado, Jesús encontró dos discípulos caminando por una carretera y se unió a ellos para discutir los últimos acontecimientos de Su crucifixión. Sin embargo, los dos discípulos no Lo reconocieron. ¡Estaban tan angustiados por Su muerte que no se dieron cuenta que Jesús mismo caminaba con ellos! Más tarde se sentaron a comer juntos.

“Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?" (Lucas 24: 30-32)

Lo más probable es que estos discípulos hayan estado en presencia de Jesús durante varias horas (Lucas 24: 15-32), pero sus ojos estaban cerrados a Su verdadera identidad. ¡Sin embargo, llegó un momento en que sus ojos fueron abiertos y lo reconocieron! Jesús no había cambiado. Había sido Jesús todo el tiempo e incluso, recordaron que cuando compartió las Escrituras con ellos, sus corazones “ardían” dentro de ellos; pero aún así, sus ojos continuaban cerrados a Su identidad.

¿Con qué frecuencia Dios nos habla y ni siquiera lo sabemos?

La gran necesidad en el mundo de hoy es que la gente tenga una revelación de Jesucristo. Dios no está reteniendo ese conocimiento a nadie, pero solo los corazones que están abiertos a tal conocimiento, lo encontrarán.

El conocimiento revelado puede ser descripto como la apertura de nuestros ojos espirituales para ver, o la apertura de nuestros oídos espirituales para escuchar y entender las verdades espirituales. ¿No dijo Jesús vino a hacer precisamente eso?

“Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; apregonar libertad a los cautivos, yvista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”  (Lucas 4:18)

Ciertamente esto incluye vista física para quienes están físicamente ciegos, pero también habla de la visión espiritual (conocimiento revelado) para los que habían estado en oscuridad. Considere las palabras de Jesús a Pablo cuando fue llamado al ministerio. Jesús le dijo a Pablo cuál sería el propósito de su ministerio.

“para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.” (Hechos 26:18)

Observe que ser librado de la potestad de Satanás, recibir el perdón de pecados y nuestra herencia en Cristo, ¡todo depende de tener los ojos abiertos! Esta apertura de los ojos es 'conocimiento revelado’, o ‘el Espíritu dando testimonio a nuestro espíritu.’ Por eso Jesús, cuando Pedro contestó a la pregunta de ‘quién era Él’,  le dijo que tal conocimiento no vino de hombre, sino de Dios. ¡Entonces Jesús declaró a Pedro que tal revelación viene completa con las llaves del reino!

“Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” (Mateo 16:19)

La autoridad viene del conocimiento revelado. Lo que el Espíritu de Dios revela a nuestro espíritu, da a luz la autoridad en nuestras vidas. La comprensión mental, a pesar de ser valiosa, no es suficiente. Fuimos creados para recibir de Dios en un nivel espiritual.

Tanto como he comparado mis propias experiencias de escuchar a Dios con estos pasajes, me di cuenta que las verdades de Dios que son avivadas en nuestro espíritu (cosas que "vemos" y "escuchamos" en el interior), representan el fundamento sobre el cual el resto de nuestras vidas se construyen. Tal revelación, no sólo no puede ser sacudida, sino que además hay una autoridad espiritual que la acompaña y nos da poder en esta vida.

Cuando la realidad de la justicia se avivó en mi espíritu, las promesas de justicia se convirtieron en mías para recibir y disfrutar. ¿Qué otras cosas quiso Dios revelarme?

“He aquí yo... les revelaré abundancia de paz y de verdad.” (Jeremías 33: 6)