Conocimiento Revelado

El mundo podría llamarlo intuición o quizás sexto sentido. Quizás en el campo de la experiencia humana existan ese tipo de cosas. Pero en el campo de una vida llena del Espíritu, existe el llamado a tener una comunión profunda con Dios, en donde Sus cosas se nos puedan revelar. Uno de los propósitos del Espíritu de Dios en nuestras vidas es que podamos saber las cosas que Él nos ha dado.

“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.” (1 Corintios 2:12)

El conocimiento revelado es la clave para la fe y la victoria en la vida cristiana. ¡Es la base para vencer en la vida!

Hay dos clases de conocimiento en el mundo: conocimiento natural y conocimiento espiritual. La mayor parte de lo que vivimos es de naturaleza natural; incluso el conocimiento Bíblico puede ser acumulado sin tener un impacto real en nuestras vidas. Sabemos que creemos en nuestras mentes, pero muchas veces lo que creemos no se manifiesta de la manera en que debiera suceder.

Pablo habló de esto en sus escritos. Hay diferentes niveles de entendimiento que Pablo menciona en la primera carta a los Corintios.

Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablare conrevelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? (1Corintios 14:6)

Él habla de 1) Doctrina - algo que puede ser aprendido; 2) Profecía – palabras que pueden inspirar/ edificar/ exhortar/ confortar; 3) Ciencia (o conocimiento) – algo que podemos entender lo suficiente como para enseñar a otros; y 4) Revelación – aquello que nos transforma.

La doctrina y el conocimiento son increíblemente importantes, pero puede que no produzcan el cambio que es necesario. Muchos tienen buena doctrina pero viven una vida de frustración.

Pablo entendió el Evangelio por revelación; no porque alguien se lo enseñara.

“Pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.” (Gálatas 1:12)

La energía de Pablo, su fe, su dedicación al Evangelio y al llamado de Dios, tenían que ver con la revelación recibida de Jesús que le cambió la vida. El Espíritu de Dios le reveló cosas de Dios al espíritu de Pablo.

El Espíritu puede revelar cualquier cosa a nuestro espíritu y esa revelación se vuelve parte nuestra. “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.” (1Corintios 6:17) Desde que nos volvemos un espíritu con Él, es cuestión de que Su Espíritu vivifique en nuestro espíritu la realidad de quiénes somos y de que nuestras necesidades son satisfechas en Él.

El conocimiento revelado, o el ‘oír’ a Dios, se da en la naturaleza espiritual y no es fácil dar en el clavo. Lo sabes cuándo lo sabes. El campo de visión y entendimiento espiritual, va más allá de nuestro intelecto y emociones.

“No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” (2 Corintios 4:18)

El conocimiento revelado trasciende el intelecto humano y el mundo tangible de lo que se ve. Es el lugar de nacimiento para la fe verdadera.

¿Cómo viene la revelación? Obviamente viene de Dios, pero no es algo que Dios esté reteniendo. Tiene más que ver con que nosotros estamos demasiado distraídos como para buscarlo con todo nuestro corazón. Pablo oró por los Efesios para que Dios les dé un espíritu de revelación. Deberíamos orar por lo mismo.

“Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza.” (Efesios 1:17-19)

Pablo oró por los cristianos de esta manera, porque tal revelación y alumbramiento no viene automáticamente en el momento en que recibes la salvación. Si así fuera, todos los creyentes estarían caminando en la misma paz, amor y victoria. No habría fracaso o escasez en nuestras vidas. Pero si miramos a los creyentes que están alrededor nuestro y a nuestras propias vidas, tenemos que ser honestos y darnos cuenta de que el conocimiento revelado escasea.

Esta “revelación” nos lleva a una dimensión diferente del entendimiento de Su poder para los que creemos. Ese es el poder secreto – ¡Revelación! Muchos nacen de nuevo y son bautizados en el Espíritu, pero aún así parece haber falta de poder en sus vidas. ¿Por qué? Porque la revelación Espiritual no ha sido vivificada en ellos todavía. Los ojos de su entendimiento no han sido alumbrados.

El conocimiento revelado viene cuando creamos el ambiente correcto, pasando tiempo en la Palabra y en la oración, alabanza y meditación. Vamos a “ver” sanidad. Vamos a “ver” autoridad. Vamos a “oír” al Espíritu. El conocimiento mental se volverá revelación espiritual, y la vida victoriosa se volverá una realidad.

El conocimiento revelado va a ser el indicador de tu fe para proclamar lo que sabemos que es verdad. Cuando hablamos a nuestros cuerpos, no va a ser una confesión al estilo fórmula, sino un poderoso entendimiento de lo que recibimos por revelación. Hay una diferencia entre la doctrina de “por Sus llagas soy sano,” y la revelación de esa misma verdad. Una la puedes enseñar. La otra, se trata de liberar palabras que están llenas de fe porque han sido vivificadas en ti por el Espíritu.

Vivir en la realidad de nuestro espíritu nacido de nuevo es el producto de entender realmente por revelación, qué es lo que hay en nosotros a través de Jesús. Tu lo sabrás cuando pase. Cuando medites y ores en la Escritura mencionada más abajo, Dios te mostrará cuál es “ la esperanza de Su llamado.”

Has de esto tu oración.

“Padre, yo te doy gracias porque es tu deseo que yo tenga el espíritu de revelación para las cosas del Reino, y un alumbramiento real del entendimiento de tu poder en mí. Gracias por revelar estas cosas a mi espíritu.” (de Efesios 1:17-19)

El corazón del creyente debe ser un corazón que desea un verdadero compañerismo con el Padre. Tal compañerismo produce la revelación de la que Pablo hablaba. Cuando llamamos a la puerta, pedimos y buscamos, las cosas nos son reveladas.

Sólo por el conocimiento revelado podemos entender verdaderamente la naturaleza de Dios en nosotros y todo lo que Él ha depositado en nuestros espíritus nacidos de nuevo. Tener conocimiento no es suficiente.

“Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual.” (Colosenses 1:9)