Sus Ovejas Oyen Su Voz

Oír la voz de Dios no es sólo una posibilidad, es una necesidad. Una relación es fruto de una comunión. En una relación, las dos partes participantes son responsables de mantenerse en comunicación.

Las dos partes tienen cosas para decir y oír. Esta clase de comunión con el Padre fue la base del ministerio de Jesús. ¿Cómo podemos esperar hacer más con menos?

Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba. (Marcos 1:35)

¿Alguna vez te has preguntado por qué Jesús oraba? Quiero decir, ¡Él es Jesús! La Palabra hecha carne. ¿Por qué Él tomaba tiempo para orar? ¿Es posible que Jesús necesitara orar para oír al Padre? ¿Necesitó, Jesús,  momentos sin distracciones para poder oír a Dios y recibir revelación para Su ministerio?

Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. (Juan 5:19-20)

La visión, dirección y fe para el ministerio de Jesús nacieron en Sus tiempos de oración y comunión con el Padre. A tal punto fue así, que llegó a decir que Él ¡no podría haber hecho nada por Sí mismo! Eso nos parece difícil de comprender, pero Su habilidad para sanar, echar fuera demonios, calmar tormentas, multiplicar comida y resucitar muertos, fue el resultado de “oír” al Padre o “ver” lo que el Padre estaba haciendo. Esto fue conocimiento revelado

Jesús declaró que nosotros también podríamos estar limitados en nuestra relación con Él, si no permanecemos en Él.

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. (Juan 15:5)

No debería sorprendernos el hecho de que estamos trabajando con los mismos recursos que Jesús tuvo. Él sólo pudo hacer lo que recibió del Padre, y nosotros sólo podemos traer a manifestación el fruto de la redención si habitamos en Él. Nuestra vida cristiana no es únicamente mental. Si oír al Padre fue tan vitalmente importante para Jesús, ¿no debería ser igual de importante para nosotros?

Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.” (Juan 10:27)

Este tipo de oír es revelación. Este tipo vista es revelación. Es el Espíritu dando testimonio a nuestro espíritu. La vivificación de la Palabra en nuestro hombre interior produce entendimiento espiritual y fe para recibir cualquier cosa que Dios haya prometido.

En el año 2001, después de 12 años de estar en el campo misionero, el Señor nos guió a volver a Texas. Habíamos vendido o regalado todas nuestras posesiones e íbamos a regresar a Estados Unidos de la misma manera en que habíamos llegado a Chile; con dos maletas por persona.

La única cosa que no había podido vender era mi automóvil. El automóvil había sido una bendición para nuestros últimos años en Santiago; yo lo había puesto a la venta, pero no hubo ningún interesado. Según recuerdo, era la mañana de un miércoles e íbamos a viajar un sábado. Yo estaba leyendo mi Biblia y orando (especialmente por el automóvil) cuando llegué a Romanos 4:17:

“Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. (Romanos 4:17)

Cuando mis ojos cayeron en esas palabras, oí decir al Espíritu de Dios decirme, “así es como yo lo hago.” Mi primera respuesta fue: “sí, es algo que yo suelo enseñar.” ¡Entonces me di cuenta que había oído eso de parte de Dios! El Espíritu había vivificado una verdad en mi espíritu y yo salté de mi silla y declaré, “¡HOY este automóvil está vendido en el Nombre de Jesús!”

Algo se movió por dentro de mí. La fe había nacido. Las palabras fueron habladas. ¡El mundo del Espíritu estaba en movimiento!

Ese día tenía que hacer unos trámites bancarios en la ciudad con mi pastor asistente, así que fui en automóvil a la cita. Mientras estaba dentro del banco mi teléfono celular sonó. Un hombre estaba afuera, había visto el cartel de “se vende” en la ventana de mi automóvil, y estaba interesado. Le pedí que entrara en el banco y que cuando terminara mis asuntos, podríamos hablar. Unos minutos después lo estaba llevando en mi automóvil por esa cuadra. Él pregunto qué precio tenía y cuando se lo dije, inmediatamente respondió: “Me lo llevo.” Yo pregunté cómo podíamos proceder a la venta, y él me dijo que su banco estaba cruzando la calle. Hicimos la transferencia de fondos, fuimos a un escribano que estaba a media cuadra y cerramos el trato. ¡Literalmente dos horas después de oír a Dios, yo estaba sacando mis pertenencias del automóvil y dándole al nuevo dueño las llaves!

¿Qué habría pasado si yo no pasaba tiempo con Dios esa mañana? ¿Y qué habría pasado si yo hubiese perdido tiempo en preocuparme y planear a quién se lo podría dejar para que lo venda por mí? ¡Oír a Dios hizo que ese día fuera emocionante!

La gran necesidad en la iglesia es que cada creyente tenga su propia relación con Dios. Muchos no saben el significado del término “oír a Dios.” A menudo no sabemos que esperar o cómo hacer para oír algo de parte del Señor.

Tendemos a vivir nuestras vidas al nivel del alma. La mente, las emociones y las sensaciones que nos producen las circunstancias pueden dominarnos a tal punto que podríamos endurecernos para escuchar la voz del Espíritu. Si no somos sensibles a las cosas del Espíritu iremos en busca de seres humanos para obtener respuestas mucho más frecuentemente de lo que buscamos a Dios.

Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. (Marcos 4:19)

En sus cartas Pablo oraba por los creyentes, y sus oraciones nos revelan las formas en las que Dios suele hablarnos. Esto no significa que lo vamos a oír en voz audible, sino que va a haber un testimonio espiritual o que palabras se van a vivificar en la medida que pasemos tiempo con Su Palabra. La manera más importante y efectiva de oír a Dios es a través de Su Palabra. Conocer Su Palabra, contexto, historia y Su mensaje para los creyentes será el fundamento para el conocimiento revelado y lo oiremos correctamente.

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. (Salmos 119:105)

Considera la oración de Pablo por los Efesios que examinamos anteriormente:

para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, (Efesios 1:17-18)

Cuando el Espíritu nos habla o nos ilumina, lo hará en el área de la revelación, sabiduría e iluminación del entendimiento. Un nuevo entendimiento vendrá. Tú “verás” cosas con ojos espirituales. La confusión se irá e ideas creativas tomarán su lugar. Será un momento de “bombilla encendida.”

Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. (Romanos 10:17)

¡La fe nacerá cuando oigamos a Dios! Una fe vibrante es una de las maneras más importantes que tienes para saber que has oído a Dios. La fe no puede ser fabricada sin que la Palabra se vivifique en nuestros espíritus. El oír del que estamos hablando es de naturaleza espiritual. Cuando el Espíritu de Dios en nosotros puede atravesar nuestras mentes y emociones y ser vivificado en nuestro espíritu, obtenemos lo que se llama oído espiritual. Mucha gente “escucha” la Palabra de Dios con sus orejas y otros oyen solo con sus mentes, pero es nuestro espíritu el que debe oírlo a Él. Cuando Su Espíritu se comunica con nuestro espíritu, nace la fe.

Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual,  para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios; (Colosenses 1:9-10)

Cuando Dios nos hable habrá visión, dirección y energía. ¡Dios producirá en nosotros todo lo que está dentro de Él! Habrá conocimiento de Su voluntad y entendimiento espiritual. Quizás no tengamos el cuadro completo o no sepamos el fin desde comienzo,  pero sabremos lo suficiente para dar el siguiente paso en fe.

Oír de Dios es la clave para seguirlo, y seguirlo a Él es la clave para completar nuestro propósito y destino. Algo menos que eso va a ser hueco y sin valor real. Cuando entendamos que oírlo a Él es tan importante para nosotros como lo era para Jesús cuando caminaba en la tierra, nuestros ojos y oídos espirituales comenzarán a estar a tono con las cosas del Espíritu.