La Revelación del Futuro

Casi todo el mundo quiere saber el futuro. ¿Cuántos errores podrían haberse evitado si hubiésemos tenido idea de lo que iba a venir? ¿Es posible vislumbrar el futuro?

“Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (Juan 16:13)

Esto no debería en realidad sorprendernos. La fe es la evidencia de las cosas no vistas. La naturaleza misma de la fe es ver lo que no se ve y poseerlo antes de que se manifieste. El Espíritu de Dios está consagrado a revelar los eventos futuros y esa revelación produce fe en el corazón.

Noé fue advertido de los eventos futuros aunque no los comprendió. Aun así, la comunicación con Dios lo libró de la destrucción que cubrió el planeta.

“Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían…”  (Hebreos 11:7)

Dios le contó a Abraham acerca de su destino y lo llamó a dejar su tierra sin que entendiera los detalles. Pero él supo que Dios lo estaba bendiciendo dándole una herencia, ¡y todas las familias de la tierra serían benditas a través suyo!

“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba...” (Hebreos 11:8)

Escuchar a Dios produjo fe en el corazón de Moisés. Él dejó Egipto porque vio al Dios invisible y supo que él tenía un destino.

“Por la fe [Moisés] dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.” (Hebreos 11:27) (Corchetes agregados)

Aunque el futuro pueda ser o no expresado en detalle, comprender que Dios ha hablado es lo que produce fe.

Mientras éramos misioneros en Concepción, Chile, recibimos una invitación a mudarnos a Santiago para trabajar con un nuevo grupo en una casa. Yo no tenía deseos de mudarme a Santiago, que en ese momento era una ciudad con 5 millones de personas. Pero cuando oré por esa invitación, el Espíritu de Dios me habló y me mostró tres cosas que iban a pasar cuando me mudara allí. Ni bien oí la voz de Dios (la vivificación del Espíritu a mi espíritu), la fe nació.

La fe viene por el oír (Romanos 10:17). Esa es la verdadera prueba para saber si has oído o no algo de parte de Dios. Cuando algo es vivificado en tu espíritu, la fe emerge. Hay una emoción y una energía pujante que antes no estaba. Cuando Dios me mostró esas tres cosas específicas que iban a suceder en Santiago, la fe llenó mi corazón. Todo mi titubeo natural desapareció y una energía divina me consumió. Un par de meses más tarde nos habíamos mudado a Santiago y dos semanas después sucedió lo primero que Dios me había mostrado. Unas semanas después ocurrió lo segundo, y pocos después lo tercero. No puedo entrar en detalles en este libro, pero los tres eventos tenían que ver con el grupo de esa casa, el liderazgo y la dirección nueva que Dios le iba a dar al grupo. El Espíritu me había revelado una información detallada que transformó mi corazón dubitativo a uno lleno de fe y paz. ¡Él te mostrará las cosas que vendrán! 

 En el 2007 sucedió algo similar. Después de vivir y ministrar en Dallas por 6 años, mi esposa y yo hicimos un viaje a Colorado para visitar el Ministerio Andrew Wommack y el Instituto Bíblico Charis. Nos familiarizamos con el ministerio de Andrew durante nuestros años en Dallas y nuestros hijos ya crecidos estaban planeando asistir al instituto Bíblico. Mientras Betty Kay y yo visitábamos las comodidades del lugar, el Espíritu de Dios habló a mi corazón y me dijo: “un día tú enseñarás aquí”.

Estaba sorprendido y perplejo. Nadie en Colorado me conocía. Por ese entonces yo ministraba los sábados por la noche en un pequeño Instituto Bíblico Español en Dallas, y trabajaba en un empleo secular durante el día. No tenía pista alguna de cómo iba a llegar a enseñar en Charis. Tampoco sabía si el Espíritu se había referido a que me iban a invitar para enseñar una vez o si iba a tener un rol importante en la escuela. Pero me había sido revelado un evento futuro y la fe nació.

Pedimos solicitudes de empleo en Charis y volvimos a Dallas. Después de enviar nuestras solicitudes de empleo, pasaron un par de semanas durante las cuales estuvimos orando por nuestro futuro. Luego de eso Betty Kay recibió una llamada del ministerio mostrando interés en ella para un puesto de contabilidad que estaba disponible. Debía presentarse para una entrevista y pasar algunos exámenes, lo que significaba hacer un viaje de vuelta a Colorado.

¡Pero yo tenía una palabra de Dios! Aunque el Ministerio de Andrew Wommack no me había llamado a mí, había una posibilidad para Betty Kay. Con una palabra de Dios para mí y un posible trabajo para Betty Kay, ¡tomamos la decisión de mudarnos a Colorado! ¿De dónde vino la fe para hacer tal movimiento? No tenía ningún sentido en lo natural. Promediábamos ambos los cincuenta años y estábamos lanzándonos una vez más hacia algo nuevo. Pero yo tenía una palabra de Dios.

Cuando el Espíritu da testimonio a tu espíritu, la fe nace, se crea la visión, la energía es liberada y se recibe la provisión.

Nos mudamos a Colorado y Betty Kay obtuvo el trabajo. Pasaron dos semanas antes de que me contactaran del Centro Telefónico del Ministerio Andrew Wommack para ofrecerme un trabajo para orar por las personas por teléfono. Tres meses después me pedían que respondiera los e-mails y cartas que llegaban al ministerio con preguntas doctrinales y teológicas. Un año y medio después de estar trabajando en el MAW, me llamaron de improviso como orador invitado para una reunión en la capilla del Instituto Bíblico. ¡La palabra de Dios se había cumplido! Pero eso no era todo. Me pidieron que enseñe cerca de diez veces más ese año. ¡Al año siguiente me pidieron que desarrollara y enseñara nueve cursos mientras continuaba respondiendo e-mails! El siguiente año fui contratado por el Instituto Bíblico Charis a tiempo completo y empecé a enseñar doce cursos. Un año más tarde me pidieron que sea Decano de Estudiantes y me dieron más cursos. Cuando Dios habló por primera vez a mi espíritu en los comienzos del 2007, nunca soñé que las cosas se desarrollaran de la manera en que lo hicieron. ¡Ahora enseño 16 cursos y me encuentro en la etapa más productiva de mi vida! Todo esto nació del Espíritu dando testimonio a mi espíritu de que yo “un día” iba a enseñar en el Instituto Bíblico Charis.

El Espíritu está deseando mostrarnos las cosas que vendrán. La revelación de Dios es la clave para obtener dirección, autoridad, fe, sanidad, advertencias y seguridad. ¿Cuántas veces nos perdemos la vivificación del Espíritu porque estamos enfocados en otras cosas? Leyendo el libro de Hechos podemos encontrar muchos ejemplos del Espíritu involucrándose en la vida de los creyentes.

“Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro...” (Hechos 8:29)

La sensibilidad de Felipe al Espíritu de Dios trajo a un alto funcionario del gobierno Etíope a la salvación por la fe en Jesús. Posiblemente no sabremos en esta vida qué impacto habrá tenido este evento para la nación de Etiopía. 

“Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan.”  (Hechos 10:19)

¿Ves lo específico que puede ser el Espíritu? El no dijo “algunos” hombres, sino “tres” hombres. ¿Podrías usar información así? ¿Puedes esperar que Dios te revele cosas así a ti? Pues deberías.

“ Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar.” (Hechos 11:12)

Sobre este mismo evento vemos que el Espíritu no había terminado de comunicarse con Pedro. Saber que había tres hombres no era todo. También le fue revelado que podía ir confiado con esos hombres. ¿Qué habría pasado si Pedro se hubiese salteado su tiempo de oración ese día y le hubiere dado más importancia al lavado de su ropa?

¿Sabías que el Espíritu también puede revelar eventos mundiales? Agabo, un profeta del Nuevo Testamento, fue advertido del hambre que iba a venir.

“Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio...”  (Hechos 11:28)

Considera este pasaje sobre Pablo y Bernabé, cuando fueron enviados como misioneros apostólicos.

“Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.”  (Hechos 13:2)

Es interesante que el Espíritu no reveló la naturaleza de la obra a la que había llamado a Bernabé y Saulo (Pablo). Eso es porque ellos ya sabían. El Espíritu había revelado su propósito para ellos meses o incluso años antes, pero Bernabé y Pablo estaban esperando el tiempo de Dios. Como aprendí en nuestro primer viaje misionero a México en 1978, el llamado no es el “envío”. Más tarde hablaré más sobre eso.

“…Y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió.”  (Hechos 16:7)

Aquí vemos al Espíritu redirigiendo a los apóstoles. Se encontraban en situación de recibir más porque estaban en movimiento y siguiendo las primeras palabras del Espíritu. Rara vez recibimos la historia completa la primera vez que escuchamos a Dios. En la medida que caminemos en lo que sabemos va a venir más. La clave es permanecer sensibles al Espíritu Santo.

Como puedes ver, el Espíritu puede estar muy activo en nuestras vidas. Estos ejemplos incluyen instrucciones, dirección, información, revelación del futuro y redirección.

Todos los creyentes tienen acceso al ministerio del Espíritu Santo. ¿Estamos escuchando y esperando oírlo?

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” (Apocalipsis 2:7)

Tendemos a vivir nuestras vidas con la vista enfocada en el presente y a lo sumo en algunos de los días siguientes. Si pensamos en el futuro usualmente es porque esperamos que todo salga bien o que nada malo nos pase.

Si nos aflige la enfermedad o algún otro desafío cruza nuestro camino, nos enfocamos mucho en el presente y vemos hacia el futuro con terror. ¿Conseguiremos sobrepasar esta tormenta de la vida? ¿Podemos recibir revelación sobre el futuro por el Espíritu?

Hay dos versículos en el libro de Hebreos que me han dado una clave para vencer obstáculos y tener paz en medio de los desafíos de la vida.

“Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.”  (Hebreos 11:27)

¡Moisés se sostuvo como viendo al Invisible! Tenemos dos tipos de ojos, o dos tipos de visión. Nuestros ojos naturales solo ven lo que es visible, pero nuestros ojos espirituales pueden ver en el mundo del Espíritu. ¡Ver lo invisible es la clave para vencer lo visible! Aquí hay un segundo versículo que me ha ayudado.

“ES pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.”(Hebreos 11:1 RV1909)

Como hemos visto, la fe viene por oír la Palabra de Dios en nuestro espíritu. La fe nos lleva inmediatamente al campo de las cosas no vistas. No necesitamos fe para lo que vemos, sino para lo que no podemos ver con nuestros ojos naturales. Cuando podemos ver el futuro con nuestros ojos espirituales, sabemos que la fe ha venido y que nos llevará hacia la victoria. La visión espiritual es simplemente otra manera de expresar el conocimiento revelado. El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu acerca de las circunstancias del presente y de los eventos futuros.

Siempre que he sido desafiado en lo físico o estuve enfrentando algún otro obstáculo en mi vida, he aprendido a encender el interruptor de mis ojos espirituales. Miro hacia el futuro y si me puedo ver a mi mismo sano, completo, próspero, jugando con mis nietos, disfrutando la vida con mi esposa, sé que voy a pasar a través de la tormenta con éxito. En vez de enfocarme en el desafío temporal y volverme temeroso y lleno de duda, me sostengo viendo lo invisible.

Mientras pueda mirar hacia el futuro y “verme” cumpliendo mi propósito en Dios, yo sé que el desafío actual es temporal. Pasará. Yo venceré.

Muy a menudo los creyentes son consumidos por lo temporal: el diagnóstico del doctor, la política y los desafíos financieros. No se detienen para mirar al futuro o ver Al que es Invisible. Intentan ganar sus batallas con su propia fuerza y visión y a menudo fallan. La clave para la vida abundante es el conocimiento revelado.

Esa revelación solo vendrá por tener comunión con Dios por la Palabra y por el Espíritu.

“Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado.” (Salmos 119:50).