Hace muchos años atrás, se me hizo obvio que mi fe en Jesús no tenía la intención de ser un sistema de creencia o una declaración doctrinal. Muchas religiones nos llegan repletas de sus creencias y doctrinas. Ciertamente nuestra fe y entendimiento del amor de Dios debe incluir algo más que algunas reglas memorizadas.

Puedo recordar la primera vez que fui consciente de que mi oración tuvo respuesta. Estaba en la universidad y había faltado a una clase en la cual habían explicado un trabajo. No tenía idea de qué se trataba. Fui a la biblioteca y me senté en un cubículo de estudio sin saber qué hacer. Decidí hablarle a Dios: “Padre, por favor mándame a alguien que sea de mi clase que pueda explicarme de qué se trata el trabajo.” Quizás esto no parezca gran cosa, pero de una clase que tenía alrededor de 50 estudiantes en una escuela de 14.000 estudiantes, me parecía un gran desafío. Pero mi manera de orar fue muy simple. En menos de un minuto, un compañero de clase venía caminando en dirección a mi cubículo, así que lo detuve y le pregunté de qué se trataba el trabajo. Yo estaba tan emocionado, que estoy seguro de que él pensó que me pasaba algo raro. Así fue que conseguí la información que necesitaba, pero en realidad, obtuve mucho más que eso. Entendí que Dios es real, que Él me escuchó  y que a Él le importó mi problema lo suficiente como para brindarme ayuda. Este pequeño incidente me reveló que mi nueva fe se trataba de una relación con Dios, en la que Él realmente podía escucharme y comunicarse conmigo.

Escribí este libro para animarte a que sepas que Dios quiere comunicarse contigo. No estoy hablando de una voz audible sino de algo que prefiero llamar ‘conocimiento revelado’. Todo acerca de nuestra fe en Jesús apunta a una relación de amor con el Padre en la cual podemos crecer en el ‘conocimiento revelado’. El conocimiento revelado es simplemente el Espíritu de Dios comunicando la verdad a tu espíritu mediante diversos medios. Esto es “oír a Dios.”

A medida que leas te volverás más consciente de tres cosas que menciono repetidamente: 1) Tú fuiste creado con la habilidad de oír a Dios, 2) Oír a Dios es la clave para una vida abundante en Cristo, y 3) Debes esperar oír la voz de Dios en tu vida diaria.

He intentado explicar esto en forma simple, esperando que pueda estimularte a tener una relación más profunda con el Padre.