La revelación de la justicia 

En algún momento de 1979, descansaba yo boca abajo en el piso del living de nuestro pequeño apartamento en Corsicana, Texas. Fue poco después de regresar de un período de cuatro meses de intentos de ser misioneros en México. Mi esposa, Betty Kay y yo, sólo duramos cuatro meses debido a muchas razones, pero la más importante fue no haber comprendido la dirección de Dios.

Habíamos regresado con casi nada de dinero, y necesité un poco de ayuda financiera de mis padres para ponernos de pie otra vez. Conseguí un nuevo trabajo en un banco como agente cobranzas. Mis responsabilidades incluían cobrar los pagos atrasados, préstamos y embargar autos.  Esto a duras penas era lo que yo había imaginado cuando primeramente nos establecimos en México en Agosto de 1978. ¿Qué había sucedido?

Me sentía como un fracaso. Algunos de mis amigos del Instituto bíblico, estaban teniendo éxito en sus esfuerzos misioneros. Ellos lo estaban haciendo bien. Nosotros llegamos a casa con 20 dólares a nuestro nombre. En mi mente yo había fracasado. Había salido en fe (o presunción) y había sido depositado nuevamente y sin ceremonias, de vuelta en Texas… con casi nada. 

Mientras estaba revolcándome en el fango de mi miseria, una Escritura explotó en mi espíritu. Había experimentado algo similar en otros momentos de mi joven vida cristiana, pero esta vez parecía diferente.

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2Corintios 5:21)

Si bien conocía esa Escritura, tomé mi Biblia para buscarla. ¡Sí, dice que fuimos hechos justicia de Dios en Cristo! Al instante supe que yo era justo, tan justo como Jesús, tan justo como fuera posible ser. Algo sucedió dentro de mí. El entendimiento doctrinal había sido transformado en conocimiento revelado. Sabía en mi espíritu que a pesar de mis defectos y dudas, estaba limpio y puro ante los ojos de Dios. No importa lo que había hecho para contribuir a mis propias frustraciones, yo era amado y ¡nada puede cambiar eso!

Desde ese momento tuve una nueva comprensión de la redención y de mi identidad en Cristo. No puedo decir que entendí la profundidad de lo que acababa de ser revelado a mi espíritu. No puedo decir que todas mis dudas y temores se alejaron para siempre. Pero sí puedo decir que una verdad fundamental me había librado para siempre de la culpa y la auto-condenación. Yo podía fracasar de nuevo, pero nada cambiaría mi verdadera identidad en Cristo. Soy justo, libre para estar en la presencia de Dios como Su hijo, libre de la culpa, la condenación y acusación. Podía seguir viviendo con el entendimiento espiritual de que, independientemente de mis futuras subidas y bajadas, siempre seré lo que Jesús hizo de mí: un reflejo de Sí mismo.

Esa revelación ha sido la base para mis muchos años de crecimiento cristiano y ministerio. El tiempo sólo ha profundizado la comprensión completa de lo que fue revelado a mi espíritu aquel día de 1979. Yo había escuchado a Dios y escucharlo me había transformado.

Aunque el conocimiento de la justicia no era nuevo para mí, la revelación espiritual de ella a mi espíritu de hombre, había sido nueva y poderosa. Lo que había sido una creencia doctrinal era ahora mucho más. ¡La justicia ahora significaba algo para mí!

La justicia es un regalo que recibimos por la fe y también tiene beneficios muy reales en esta vida. ¡Nos da la facultad para reinar en la vida!

“Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.” (Romanos 5:17)

¿Qué significa reinar en la vida? Así como el pecado, la duda, culpa y el miedo habían reinado sobre mí en el pasado, ahora estaba en condiciones de vivir por encima de esos sentimientos y moldear mi identidad de Jesús. El conocimiento revelado había hecho esto real para mí.

“Huye el impío sin que nadie lo persiga, pero el justo está confiado como un león.” (Proverbios 28: 1)

El miedo y la timidez habían marcado mi vida durante años. El miedo a la gente, miedo a hablar en público y un miedo basado en mis propios sentimientos de inadaptación y fracasos, había puesto límites en mi presente y mi futuro. Pero la revelación de la justicia abrió la puerta de mi verdadera identidad y potencial.

La justicia nos da el derecho a estar de pie y vivir en la presencia de Dios sin culpa o condenación. También nos da la autoridad para estar enpresencia de la enfermedad, la corrupción y las obras del diablo sin miedo. A medida que entendamos el poder de la justicia, podremos prevalecer en cada situación. Así como el pecado de Adán y Eva soltó la destrucción del enemigo en la tierra, la justicia de Jesús lo sujeta. ¡El enemigo es impotente contra el renacer, la naturaleza sin pecado de Cristo en nosotros! ¡Y lo que Jesús reveló a mi espíritu era que él me había hecho justo! ¿Cómo fue que la revelación tuvo lugar?

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” (Romanos 8:16)

Somos seres espirituales. Todos los hombres tienen un espíritu. Cuando el Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu de la verdadera realidad de lo que somos en Cristo, nos convertimos en más que vencedores.  Podemos empezar a 'reinar en la vida’. El Espíritu puede dar testimonio a nuestro espíritu sobre cualquiera de aquellas cosas que tenemos en Cristo. Esa transacción espiritual puede ser llamada ‘conocimiento revelado’, u ‘oír a Dios’, o ‘ver con nuestros ojos espirituales.’

Algo igualmente importante también me fue revelado ese día. ¡La fe vino por el oír! La comprensión doctrinal se convirtió en verdadera revelación, porque el Espíritu abrió paso y testificó a mi espíritu. Fue así que inmediatamente tuve fe para verme a mí mismo como nunca antes. Esto no se trataba de de obligarme a obrar con más fuerza. Fue darme cuenta de que realmente yo estaba en Él. Es como si alguien hubiera descubierto que tenía depositados millones de dólares en su cuenta bancaria. Una ‘revelación’ como esa, cambiaría la forma actuar y pensar en la mayoría de nosotros. Eso es lo que el conocimiento revelado puede hacer por ti. Algo se ha depositado en ti por el nuevo nacimiento. ¡El Espíritu Santo quiere ayudarte a descubrir lo que está ahí!

Como he reflexionado sobre mi vida cristiana que comenzó en 1972, me he acordado de otros momentos significativos de “oír” a Dios y momentos donde nació la fe. Me di cuenta que la clave para una vida victoriosa se encontraba en el Espíritu. Cuando el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que algo sucede. El conocimiento se transforma en revelación. La esperanza se transforma en fe. Lo imposible se hace posible.

Muchos años han pasado desde aquel momento que cambió mi vida. Nunca hubiera imaginado que estaría donde estoy hoy.  Puedo decir fácilmente: 'Nunca lo vi venir.'

Pero hay algo que ha marcado mi travesía por los últimos 40 años, y es la realidad del 'conocimiento revelado’ o el ‘oír’ a Dios.  Cuando el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu, nos adentramos en otra dimensión de la vida: la sanidad viene, la dirección viene, liberación viene y provisión viene. Pero lo más importante, la fe viene.